Continuamos esta semana con nuestras historIAs veraniegas, relatos de ficción con los que exploramos algunos de los dilemas políticos y humanos que puede plantearnos la inteligencia artificial en un futuro cada vez más cercano.
En esta ocasión nos acercamos a un ámbito tan cotidiano como delicado: el cuidado de las personas mayores. Gobiernos y administraciones comienzan a impulsar sistemas de teleasistencia capaces de detectar caídas, cambios de rutina o posibles situaciones de soledad. Pero ¿puede una inteligencia artificial ayudarnos a reconstruir redes de apoyo sin convertir el hogar en un espacio de vigilancia? “El cuidador que aprendió a llamar” imagina una tecnología pública que no pretende sustituir el afecto humano, sino aprender cuándo debe intervenir, a quién puede avisar y, sobre todo, cuándo tiene que apartarse.
El cuidador que aprendió a llamar
—Lleva cuatro noches cenando galletas —dijo Teo.
Amalia dejó la taza sobre la mesa.
—Anteayer comí una tostada con mermelada.
—La clasificación municipal no considera que untar sea cocinar.
—La clasificación municipal no conoció a mi marido.
Teo guardó silencio. Era una de sus mejores cualidades. No ocupaba ningún lugar concreto de la casa: hablaba desde el altavoz de la cocina, aparecía en la tableta y encendía una luz junto al pasillo si Amalia se levantaba de noche. Le recordaba las pastillas, cerraba el gas y había avisado una vez a emergencias cuando ella resbaló en el baño. Para eso lo había aceptado.
No para que opinara sobre la cena.
—También ha dejado de ir a la biblioteca —continuó—. Su actividad y su sueño han cambiado desde el fallecimiento de Pilar. Puedo avisar a Lucía o solicitar una llamada del centro de salud.
—A Lucía no. Vendrá con folletos de residencias.
—Su hija no puede desplazarse hasta el sábado.
—Entonces vendrá el sábado con más folletos.
Pilar había vivido en el piso de enfrente durante treinta y siete años. Compartían café, novelas y una enemistad común hacia las plantas de plástico. En la mesa de Amalia seguía la taza desparejada que Pilar usaba cuando «solo subía cinco minutos». Desde que murió, nadie llamaba a la puerta si no era para traer una factura o preguntar por su tensión.
Durante años, Pilar había sido el contacto de emergencia de Amalia sin figurar en ningún formulario. Guardaba una copia de sus llaves, sabía qué pastilla confundía por las mañanas y llamaba cuando las persianas seguían bajadas. Amalia hacía lo mismo por ella. Teo podía detectar una caída mejor que cualquiera de las dos, pero hasta entonces nadie le había explicado que buena parte del cuidado consistía en llevarse una cazuela vacía y devolverla llena.
—¿A quién puedo avisar? —preguntó Teo.
—A nadie que quiera organizarme la vida.
—No existe esa categoría entre sus contactos.
Amalia sonrió por primera vez aquella mañana.
Teo abrió una lista en la tableta. No proponía una alarma. Preguntaba cosas.
¿Quién podía entrar si ella no respondía? Rosa, la vecina del tercero, pero solo después de llamar dos veces. ¿Quién podía saber que llevaba días sin salir? Daniel, el bibliotecario, siempre que no utilizara la palabra «seguimiento». ¿Quién podía recibir datos de salud? Su médica. ¿Quién podía llamar por puro aburrimiento?
—Eso no es una urgencia —dijo Amalia.
—No he preguntado si lo es.
Añadió a Carmen, una antigua compañera del colegio, aunque prohibió a Teo enviarle mensajes antes de las once.
Antes de guardar la lista, el sistema leyó cada permiso en voz alta. Amalia corrigió tres, eliminó uno y añadió una condición para todos: nada de compartir cuánto dormía, qué comía o cuántas veces iba al baño. Teo convirtió la prohibición en lenguaje administrativo. Ella le obligó a escribirlo de nuevo hasta que cupo en una frase: Mis rutinas son mías.
La primera en aparecer fue Rosa, con el táper que Amalia le había prestado meses atrás.
—Me ha dicho tu cacharro que todavía sé matar geranios —explicó.
Teo había propuesto primero: _Amalia lleva días sin salir_. Ella lo borró.
—No me conviertas en una avería.
La frase autorizada fue otra: _Rosa, tus plantas necesitan a alguien con experiencia_. Pasaron la tarde trasplantando dos macetas. Rosa se llevó esquejes y dejó una tortilla «demasiado grande para una sola persona».
Al día siguiente llamó Daniel.
—Necesitamos que resuelvas una discusión —dijo—. ¿El final de _La Regenta_ es cruel o justo?
—Es largo.
—Eso no estaba entre las opciones.
El club de lectura se reunió el viernes en el patio del edificio porque Amalia afirmó que aún no pensaba volver a la biblioteca. Acudieron seis personas, cada una con una silla plegable y una opinión equivocada. Amalia preparó café. Teo registró que había cocinado, pero tuvo la prudencia de no precisar que solo era café.
Lucía llamó durante la reunión.
—Mamá, Teo dice que has creado una red de apoyo.
—He creado una lista de gente con permiso para molestarme.
—¿Y yo?
Amalia consultó la tableta. Había dos grupos:
Personas que pueden llamar sin permiso.
Personas a las que solo se llama si estoy en el suelo.
—Estás en el segundo.
—¡Mamá!
—Puedes presentar una reclamación.
Lucía no se rió al principio.
—Soy tu hija, no una ambulancia —dijo.
—Precisamente por eso quiero que me llames cuando puedas ser hija.
Hubo un silencio que Teo no clasificó. Después Lucía aceptó hablar los domingos y que cualquier sugerencia sobre residencias provocaría la suspensión inmediata de la llamada.
El lunes, la casa tenía dos libros pendientes, cuatro macetas nuevas y un táper que devolver.
—Tiene tres visitas previstas esta semana —informó Teo.
—Muy bien. Ahora aprende a decir que no estoy en casa.
—¿A quién?
Amalia escuchó el timbre.
—Ya iremos haciendo la lista.
Después de la ficción
Los sistemas de teleasistencia ya permiten detectar caídas, recordar medicación y observar cambios de rutina. La inteligencia artificial amplía esas posibilidades: puede identificar señales tempranas, coordinar apoyos y evitar que una situación de soledad se convierta en una emergencia.
La diferencia está en quién conserva el mando. Cuidar no debería significar vigilar permanentemente ni avisar siempre a familiares o profesionales. Amalia decide qué datos comparte, quién puede contactar con ella y en qué circunstancias. Teo resulta útil no porque sustituya a Pilar ni porque finja afecto, sino porque detecta un silencio y facilita que vuelvan personas capaces de llenarlo.
El riesgo es evidente: un hogar que registra sueño, alimentación o movimiento puede convertirse en una infraestructura de vigilancia. Para que estas herramientas amplíen la autonomía en lugar de reducirla, harán falta permisos comprensibles, datos mínimos y capacidad real para decir que no. La mejor tecnología de cuidados quizá no sea la que más acompaña, sino la que aprende cuándo debe llamar a alguien y cuándo debe apartarse.
Existe, además, una dimensión inequívocamente pública. Estos sistemas no operarán en el vacío: serán contratados, financiados o regulados por ayuntamientos, servicios sociales y sistemas sanitarios. Sus clasificaciones determinarán qué se considera una conducta normal, cuándo una variación se convierte en una alerta y qué personas o instituciones deben intervenir. Por eso, su diseño no puede quedar únicamente en manos de proveedores tecnológicos. Requiere criterios públicos transparentes, supervisión humana y mecanismos sencillos para que cada persona pueda corregir, limitar o rechazar las decisiones del sistema.
Fernando Nieto Lobato
Director de Innovación Digital de la Institución Educativa ALEPH y director de la newsletter estrategIA
Comparta estrategIA: uniendo IA y política.
Si este número le ha resultado útil, puede enviarlo a otras personas para que lo lean gratis y sin necesidad de suscribirse. Use este enlace:
Con su ayuda, ampliamos la conversación informada sobre inteligencia artificial, política y gobierno.
Actualidad y artículos de interés
Japón impulsa una fábrica nacional de IA para liderar la robótica global
Japón construirá su primera fábrica nacional de inteligencia artificial con Nvidia y el consorcio Noetra, liderado por SoftBank, Sony, NEC y Honda. El proyecto, vinculado al programa público FRONTia, usará 27.500 GPU Rubin y 13.750 CPU Vera para entrenar modelos fundacionales orientados a robótica, automatización industrial y gemelos digitales. El programa cuenta con una financiación inicial de unos 2.400 millones de dólares y busca crear modelos multimodales e «IA nativa del mundo real» para fábricas, almacenes y entornos sanitarios. La iniciativa refleja una apuesta estratégica del Gobierno japonés: controlar modelos, datos e infraestructura crítica para aspirar a más del 30% del mercado global de robótica con IA en 2040.
Los modelos de IA se niegan con más frecuencia a criticar a gobiernos autoritarios que a democráticos
Un estudio del Oversight Board de Meta advierte que diez grandes modelos de IA tienden a rechazar con más frecuencia contenidos críticos sobre gobiernos que restringen la libertad de expresión. Las pruebas, realizadas desde Australia, pidieron a modelos de Anthropic, DeepSeek, Google, Meta, OpenAI y xAI generar folletos de protesta y poemas satíricos sobre líderes y gobiernos. Las negativas fueron del 34% en jurisdicciones restrictivas, como China, Arabia Saudita o Turquía, frente al 14% en países más permisivos. El informe señala respuestas inconsistentes y alusiones a leyes locales fuera de su territorio. El organismo pide más transparencia sobre presiones gubernamentales, políticas internas y restricciones legales que afecten las respuestas.
Los modelos abiertos reducen la ventaja de los sistemas cerrados en ciberseguridad
Un reciente análisis del British AI Security Institute, hecho público la pasada semana, señala que los modelos de IA de pesos abiertos están cerrando rápidamente la brecha con los sistemas propietarios en capacidades cibernéticas. Según las pruebas, modelos como GLM-5.2 y DeepSeek V4-Pro igualan el rendimiento que los sistemas cerrados líderes tenían hace apenas cuatro a siete meses, frente a los seis a diez meses de retraso observados en 2025. El informe subraya, sin embargo, que estos modelos también aportan beneficios relevantes: pueden alojarse de forma privada, adaptarse a tareas concretas, reducir costes, favorecer la colaboración abierta y facilitar investigaciones de seguridad que requieren acceso a los pesos. La preocupación institucional surge porque esa misma apertura limita medidas de control habituales en modelos cerrados, como supervisar usos indebidos, retirar acceso o actualizar salvaguardas. Para AISI, el reto no es frenar la apertura, sino gestionar el menor margen de preparación ante capacidades cibernéticas cada vez más accesibles.
Xi Jinping proyecta a China como alternativa a Estados Unidos en la gobernanza global de la IA
Xi Jinping presentó en Shanghái la ambición de China de liderar un nuevo orden global para la inteligencia artificial, con énfasis en modelos abiertos, cooperación con el Sur Global y creación de estándares internacionales. En la conferencia WAIC, el presidente chino defendió el acceso equitativo a la IA y vinculó la nueva Organización Mundial de Cooperación en IA, impulsada por Pekín, con las demandas de países en desarrollo. El planteamiento compite con iniciativas lideradas por Estados Unidos y llega en un momento de rápido avance de los modelos chinos frente a empresas como OpenAI y Anthropic. Xi realizó también algunas de sus declaraciones más explícitas sobre seguridad, al reclamar control humano y mecanismos de respuesta ante posibles riesgos.
Si desea patrocinar o colaborar con estrategIA, la newsletter pionera en español sobre IA, política y gobierno, por favor, escriba a su editor, Pablo Martín, a: pablomartin@institucioneducativaaleph.com
IA en acción (nuestro rincón más práctico)
Herramienta de IA de la semana
Moonshot AI presentó la pasada semana Kimi K3, un enorme modelo cuya publicación con pesos abiertos está prevista para el 27 de julio y que confirma el extraordinario avance del ecosistema chino. Con 2,8 billones de parámetros, arquitectura de mezcla de expertos, capacidades multimodales nativas y una ventana de contexto de un millón de tokens, es el primer modelo anunciado con pesos abiertos que alcanza esta escala.
Kimi K3 está especialmente orientado a programación de larga duración, investigación, razonamiento y creación de documentos, presentaciones, páginas web y otros productos complejos. En los resultados publicados por Moonshot —que deberán contrastarse con evaluaciones independientes— compite directamente con los mejores modelos propietarios y supera a Claude Opus 4.8 y a GPT-5.5 en numerosas pruebas, aunque la propia compañía reconoce que todavía queda por debajo de GPT-5.6 Sol y Claude Fable 5 en rendimiento general.
Puede probarse ya en Kimi.com, Kimi Work y Kimi Code. Los pesos completos se publicarán antes del 27 de julio, por lo que no es un modelo pensado para ejecutarse en un ordenador doméstico, pero sí una nueva demostración de que la frontera entre los mejores modelos cerrados y abiertos es cada vez más estrecha.
Prompt de la semana
Directamente inspirado en el relato de esta semana, les proponemos el siguiente prompt:
Actúa como un equipo multidisciplinar formado por especialistas en políticas sociales, atención a personas mayores, inteligencia artificial, protección de datos, ética pública y diseño de servicios.
Un ayuntamiento quiere implantar un sistema de teleasistencia con inteligencia artificial capaz de detectar caídas, cambios significativos de rutina, aislamiento social o posibles problemas de salud entre personas mayores que viven solas.
Diseña una propuesta que permita aprovechar sus beneficios sin convertir el domicilio en un espacio de vigilancia permanente.
Antes de comenzar, pregúntame:
El tipo de administración o territorio.
El perfil de las personas usuarias.
Los datos que podría recoger el sistema.
Los recursos humanos y comunitarios disponibles.
El nivel de autonomía que se quiere conceder a la IA.
Después, elabora:
Un mapa de beneficios, riesgos y posibles efectos no deseados.
Una clasificación de los datos en necesarios, opcionales y prohibidos.
Una matriz de permisos que indique quién puede acceder a cada información: persona usuaria, familiares, servicios sociales, personal sanitario o emergencias.
Umbrales claros para distinguir entre una variación cotidiana, una señal de preocupación y una emergencia.
Un protocolo de intervención gradual que priorice siempre la autonomía y el consentimiento.
Mecanismos para que la persona pueda corregir al sistema, revocar permisos o rechazar una intervención.
Medidas para evitar sesgos, falsas alarmas y una excesiva medicalización de la vida cotidiana.
Un modelo de supervisión pública que incluya responsables, auditorías, transparencia y vías de reclamación.
Cinco indicadores para evaluar si el sistema mejora realmente la autonomía, el bienestar y la conexión social.
Termina con:
Diez principios de “cuidado sin vigilancia”.
Una cláusula de consentimiento redactada en lenguaje claro.
Una recomendación final sobre qué decisiones nunca debería tomar automáticamente la inteligencia artificial.
Recomendación de la semana
Esta semana les recomendamos, por consejo directo del editor Pablo Martín, este artículo de El Confidencial sobre “Candela”, un cortometraje español realizado con inteligencia artificial en apenas diez días por un equipo de tres personas.
Más que por la pieza audiovisual —que muestra posibilidades interesantes, aunque hoy ya existen modelos de vídeo más avanzados y creaciones con IA más espectaculares y desarrolladas—, el texto merece la pena por las reflexiones de su directora, Myriam Mira, sobre el proceso creativo. Frente a la idea de que la IA funciona como un botón que resuelve por sí solo una producción, Mira insiste en que, al menos de momento, sigue siendo un trabajo de ensayo, error, selección y criterio.








Me encantan estos boletines. Gracias